Cumbre en Chile: Hacia una inteligencia artificial ética en América Latina y El Caribe

Cuando los altos ejecutivos de las principales empresas de Inteligencia Artificial, así como decenas de investigadores alertaron en mayo que esta tecnología supone un "riesgo de extinción" para la humanidad, tan importante como una guerra nuclear o una pandemia, pusieron en el tapete una reflexión que llevaba un tiempo dando vueltas.

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Desde bastante antes, en foros y encuentros especializados, se venía dialogando sobre este tema. De hecho, ya en 2021 la Unesco creó la primera norma mundial sobre ética en la inteligencia artificial (IA). Argumentó que los cambios rápidos plantean profundos dilemas éticos, surgidos en este caso "del potencial que tienen los sistemas basados en IA para reproducir prejuicios, contribuir a la degradación del clima y amenazar los derechos humanos, entre otros". Añadió que los riesgos asociados, "se suman a las desigualdades ya existentes, perjudicando aún más a grupos históricamente marginados". Ese mismo año también, nuestro país dio a conocer su política pública al respecto, la cual está siendo actualizada dado el veloz avance de esta tecnología.

Es en este marco de preocupación general y buscando anticiparse a posibles escenarios, que se realizó recientemente en nuestro país la Primera cumbre ministerial y de altas autoridades sobre la ética de la inteligencia artificial de América Latina y el Caribe, convocada por nuestro país. Esta buscó conformar un espacio de liderazgo para la gobernanza en la región, que permita crear una voz común.


Al encuentro asistieron 20 naciones, las que firmaron la Declaración de Santiago, que busca promover una inteligencia artificial ética. En la oportunidad, la Ministra de Ciencia y Tecnología, Aisén Etcheverry, resaltó la importancia de contar con una opinión regional, ya que en diciembre, "Naciones Unidas va a presentar una propuesta. Si a ese trabajo lográramos llegar como un bloque, sería histórico porque Latinoamérica no ha sido antes parte de esas conversaciones", señaló.

En el evento quedó clara la necesidad de una "brújula ética", frente a tecnologías que remodelan nuestra forma de trabajar, interactuar y vivir. En la declaración emitida, se remarca la preocupación porque determinadas aplicaciones de la IA presentan riesgos para los derechos humanos, "generando temor e incertidumbre tanto en el mundo del trabajo, como respecto de la protección de la vida privada y los datos personales, en la democracia y el quehacer de los Estados, y en el surgimiento de nuevas desigualdades y brechas".

Asimismo, se refuerza que es prioritario monitorear el impacto en los trabajadores y pensar "en formas de protección e intervención en caso de que se justifiquen, con el propósito de evitar profundizar las problemáticas de desempleo y exclusión." También mencionan la necesidad de incentivar mayores inversiones para aprovechar de forma integral la IA y se reconoce su capacidad de contribuir a la transformación de los modelos de desarrollo: "haciéndolos más productivos, inclusivos y sostenibles".

En la ocasión, los asistentes establecieron un grupo de trabajo con miras a constituir un Consejo intergubernamental de Inteligencia artificial, con el propósito de fortalecer las capacidades regionales en la materia, el cual quedó liderado por Chile.


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