Producción de biocombustibles en América Latina: un campo en crecimiento

Aunque todavía veamos lejano el 2050, está a la vuelta de la esquina. Para ese año, la mayoría de los países se comprometió a alcanzar la carbono neutralidad, incorporando alternativas renovables y de bajas emisiones que reemplacen a los combustibles fósiles. Y, en el área de los biocombustibles, América Latina posee una gran oportunidad de desarrollo que debe potenciar.

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Hace ya una década se firmó el Acuerdo de Paris, el cual enfatizó la necesidad de llegar a cero emisiones netas a mediados de este siglo para limitar el aumento de la temperatura a 1,5°C. Si bien, apenas asumió la presidencia Donald Trump retiró a Estados Unidos de esta iniciativa, el esfuerzo global se mantiene y se espera que un próximo Gobierno en el país del Norte modifique esa decisión volviendo a sumarse al compromiso.


Es, precisamente, el sector energético quien tiene la llave para descarbonizar la economía mundial, ya que es responsable del 75 por ciento de las emisiones totales de CO₂. En ese sentido, América Latina y el Caribe cuentan con importantes competencias para liderar esta transformación impulsando una de sus fortalezas: los biocombustibles. Lo anterior, gracias a su potencial en recursos naturales, a sus equipos humanos y a la experiencia en el sector agropecuario, según señala un reciente documento de la Organización Latinoamericana de Energía, Olade.

Biocombustibles avanzados: una oportunidad

En la región, el bioetanol -obtenido principalmente de la caña de azúcar y el maíz-, y el biodiésel, a partir de aceites de soja, girasol y palma, pueden ser clave para la descarbonización de un sector crítico, como es el transporte. En 2023, la producción mundial de biocombustibles líquidos alcanzó a 180.544 miles de m³, de los cuales América Latina y el Caribe contribuyó con el 27%, siendo Brasil el líder indiscutible.

Pero no solo se trata de planificar surtir al transporte terrestre, también el documento plantea abordar el aéreo y marítimo. En ese contexto, se refiere al desarrollo de biocombustibles avanzados, como el Sustainable Aviation Fuel (SAF) y el Hydrotreated Vegetable Oil (HVO). Estos requieren contar con soluciones tecnológicas avanzadas que demandan mayores inversiones e implementar estándares internacionales de sostenibilidad, trazabilidad y certificaciones. Sin embargo, también conlleva una oportunidad su impulso.

Destaca el estudio que “la combinación de biocombustibles avanzados con hidrógeno verde y la captura de carbono abrirán nuevas posibilidades para reducir aún más las emisiones del sector transporte.”

Encabezar la producción general de biocombustibles, conlleva enfrentar diversos desafíos. Olade enumera factores como la baja densidad energética de la biomasa, la dispersión geográfica de los recursos, la competencia por el uso del suelo y la falta de políticas públicas robustas.

Para consolidar una posición en los mercados globales, recomienda: “fortalecer los mecanismos de financiamiento a lo largo de toda la cadena productiva y promover la cooperación regional en investigación, innovación y certificación. Estos esfuerzos permitirán aprovechar plenamente el potencial de los biocombustibles de bajo carbono como una herramienta esencial en la transición energética y el desarrollo sostenible de la Región.”


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